Señor inquisidor
Cuento experimental
Con un movimiento maquinal, simón retira las sabanas de su cuerpo y se levanta. Pone los pies sobre el piso de cemento y por un momento pareciera sonreír. Sus facciones, sin embargo, eran las de un autómata que bien podría tomarse por sonámbulo.
Pero no era así. Simón se sentía, aquella mañana, particularmente cuerdo y la sonrisa en su rostro anunciaba algo nuevo. Lo primero que hizo, a todas luces de su especial estado, fue tomar el paraguas grande que guardaba en el diván. Se miro al espejo y la pijama que llevaba puesta le pareció pintoresca y apropiada para la tarde soleada; el paraguas, a su juicio, hacia un juego cromático perfecto con su traje y, abierto, acentuaba aun más sus facciones.
Nariz estirada, frente amplia y los ojos poco mas atrás de lo normal, según mandan los cánones artísticos. Su presencia era poco llamativa y en momentos llegaba a fastidiar; solo sus ademanes y garbo menguaban en parte su falta de decoro fenotípico
Simon sale de casa
Simon se mete bajo la cama
simon se queda en la cama
simon echa a correr
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario